NOVEDAD: ACTUALIZADO CON PRUEBAS FOTOGRÁFICAS
Un consejo, si alguna vez decidís ir en avión a cualquier lugar del mundo ¡¡jamás me elijáis como vuestro acompañante!! Está comprobado: cuando viajo, siempre pasa algo. La última vez le dieron la vuelta al avión llegando a Nueva York, pero esta vez ha sido peor. Seguid leyendo y regocijaos con mis desgracias, que sé que os encanta.
Los amigos y lectores fieles sabréis que mi vuelo pasaba desde Sevilla hasta Barcelona, luego en Barcelona esperaba hasta las 6:55, iba a París, y allí a las 10 de la mañana me llevaban hasta Nueva York. Antes de seguir, os informo: son las 8:19 de la mañana, y estoy en Barcelona. Echad cuentas, no salen, ¿verdad?
¿Y por qué, os preguntaréis? Pues todo empezó ayer, me parece mentira que haya sido ayer porque me siento como si llevara una semana en este aeropuerto. Llegué a Barcelona a las 23:05, y nada más salir de la zona de recogida de equipaje, me suena el móvil. Un mensaje. Literalmente:
Air France
The Flight AF2349 17/11 is
cancelled
Thank you for your
understanding
For further information:
www.airfrance.com
Oh, qué bien, no sé ni cuál de los dos vuelos es, voy a ir a un mostrador de Air France a preguntar… pero, oh wait, son las 11 de la noche, y en este aeropuerto no hay NI DIOS.
Me acerco a un mostrador de información donde hay una chica comiéndose un bocadillo (la única persona trabajadora en el aeropuerto a esa hora). Su asiento está ridículamente bajo, por lo que sólo puedo verle la coronilla, a no ser que me asomara, que fue lo que hice. Ella me dice que no tiene ni idea, y que lo que único que puedo hacer es esperar a que aparezca alguien de Air France.
Me siento, y miro en el ordenador cuál de los vuelos es el cancelado, y resulta ser el que va de Barcelona a París. Entonces caigo en lo que va a ser mi mayor preocupación en las próximas horas: ¡¡la maleta!! Ya estaba facturada en Sevilla hasta Nueva York. ¿Qué coño pasa con mi maleta ahora? ¿Por dónde la iban a enviar? ¿La habrán dejado en la cinta transportadora?
Mientras me dirigía para ver si podía colarme en lo de las cintas transportadoras, me llega un mensaje de Giz, que ya se ha enterado de todo el asunto, y me llama mi amigo Julio, para entretenerme. Aprovecho el camino para llamar a Leo y comentarle que otra vez tengo un vuelo con problemas.
Una vez en la “zona de no retorno”, es decir, esa zona en la que la gente sale feliz con sus maletas y a la que no puedes entrar, espero durante 30 minutos a que llegue un vuelo, y entonces se abre la puerta y me cuelo corriendo a hablar con el de seguridad. Me confirma mis temores: la maleta no está allí, y debería preguntarles a Air France dónde está. Así que toca esperar…
Pues eso es lo que hago. Me siento, delante del mostrador de Air France. Como no hay ningún enchufe a la vista, me pongo en un sitio un pelín más apartado. Nada más sentarme recuerdo que me tengo que tomar las pastillas, pero no hay problema porque tengo una máquina de agua delante. 1′20€ dentro, y le doy al botoncito, y ¡qué sorpresa! La botella no cae.
Otro paseito en busca de otra máquina de agua, y con botella en mano, me vuelvo a mi enchufe estratégico, y me siento en el suelo apoyado en una columna, y me pongo a ver la serie Firefly que mi querido Javier Garrón me ha grabado para esta ocasión.
Nada más empezar la serie un chico rubérrimo se me pone por detrás a verla, hasta que me pregunta si se puede sentar conmigo, porque está aburridísimo (todo esto en inglés). A los 5 minutos llega un amigo suyo, y después otro, y después otro más. Cuatro chicos rubísimos rubérrimos viendo conmigo Firefly. Les pregunto de dónde son, y me cuentan que son de Lituania (o Letonia, no recuerdo).
El primero de ellos me pregunta si he leído el Hobbit, porque dice que la situación le recuerda a una parte del libro en la que se meten en una casa en el bosque y empieza a entrar gente y al final son un montón. Sin embargo, la serie no tiene mucho éxito, no les gusta demasiado, así que tras 10 minutos deciden irse a dormir, todos salvo uno, que me confesó más tarde que era un amante de la ciencia ficción y que le estaba encantando.
A las 4:30 de la mañana, ya hemos visto 4 episodios y hemos charlado bastante. Resulta que los 4 chicos llegaron a Barcelona, y nada más salir, les robaron el dinero, y como no tenían para pagar el hostal, llevaban ya 2 semanas en el aeropuerto esperando a alguien que les iba a traer el dinero, y pasando mucha hambre.
Ya empieza a llegar gente, así que me levanto y me voy, no sin darles antes todos mis bocadillos y unas galletas oreo bañadas de chocolate que había comprado para Monique (lo siento, Monique, otra vez será).
Llego al mostrador de Air France y me encuentro allí ya unas 10 personas con cara de pocos amigos. Allí descubro que no sólo han cancelado mi vuelo, sino TODOS los vuelos que van a París. Los que estábamos allí hacíamos todos transbordos en París, así que estábamos básicamente jodidos.
A las 5, por fin, aparece una chica, y empezamos a resolver nuestros problemas. Cada uno de una forma distinta: los hay que han tenido que llegar bastante más tarde, o que han tenido que viajar en compañías horribles como Iberia, y los hay que han salido beneficiados, como yo: me han cambiado el vuelo a uno directo desde Barcelona de la compañía Delta. “Yupiiii, en Delta, la mejor compañía!!” grito delante de la chica que me sacaba el billete. “Oye, ¿no te gustará más que Air Frane?”, “No, jaja” le respondo “Es que en Delta ponen muy bien de comer”.
Al final le pregunto por mi maleta, pero al haber estado facturada en Sevilla, ella no sabía dónde estaba. Sea como sea, la tengo que recuperar, ya que voy con otra compañía y tengo que facturarla de nuevo. Me aconseja que me ponga en la cola de embarque, para que ellos llamaran por teléfono a los de las maletas a ver si la localizaban. Allí, conocí a mis nuevos amigos: el chico del pasillo, y el chico del mostrador. El del pasillo me preguntó mi caso, se lo expliqué, y me pasó con el del mostrador, que empezó a llamar por teléfono y me pidió que esperara mientras conseguía una respuesta. Pasó hora y media, en las que el chico del pasillo y yo no parábamos de echarnos miradas de complicidad, sobre todo cada vez que alguien montaba un número por la cancelación del vuelo. Finalmente, tras un tipo que gritó mucho, le dije “Menudo imbécil”, y empezamos a hablar. Descubrí que era italiano, y que había estado en Sevilla, y en Arcos de la Frontera hace poco. El mejor momento de la noche llega cuando le pregunto:
- ¿Oye, y para qué es la huelga?
- Para tocarnos los cojones.
Más claro, el agua.
Mi mejor amigo el del mostrador dejó de serlo cuando me dijo que en Air France no tenían la maleta, y que debería preguntar en Spanair. Estamos hablando de que ya eran las 6:30 de la mañana. Por cierto, ¿os he contado que todo esto era después de haberme tomado un myolastán entero? Eso añade dramatismo a la historia, ¿eh?
Me dirigí a Spanair y ellos tampoco sabían nada. Un chico, al final, me aconsejó bien, y hice exactamente lo que me pidió: me puse en la cola del control policial, como si fuera a coger un avión, pasé el control y una vez allí repetí mi viaje como si hubiera salido del avión, hasta la cinta transportadora de maletas. Allí, le pregunté al de seguridad, que resultó ser el mismo al que pregunté a las 11 de la noche. “Hola, ¿se acuerda de mí? ¡¡Sigo buscando mi maleta!!” Él me pone en contacto con una compañía de servicios del aeropuerto que a las 7:30 consiguen encontrar mi maleta!!
Ahora, pruebas fotográficas:

El aeropuerto, desierto, sin maletas, sin gente y sin nada

Cuando apareció mi maleta, ella solita.
Yo iba con mi maleta más feliz que una perdiz, pero eso fue hasta el siguiente capítulo de esta trágica historia. En Delta me pesaron la maleta y eran 29 Kg. cuando ellos no admiten más de 23 Kg. “¡¡Pero oiga, que yo vengo de rebote, y en Air France no me pusieron problema!!”
Al hablar en el mostrador de Delta con una chica morenita muy simpática y comentarle mi problema, ella me dice que no puede hacer nada, y me pregunta cómo puedo seguir con buena cara después de la noche que llevaba. Y yo pienso “y eso que no te he contado que me he tomado un myolastan”. La opciones que me propone son simples: a) Pagar el exceso de peso, 150$ b) Comprar otra maleta. Yo añado una opción c) Sacar mucha ropa de la maleta y ponérmela como un muñeco de michelín, y sacar cosas y meterlas en la mochila del portátil.
Me voy a un banco y abro la maleta, y empiezo a ponerme ropa y a sacar de todo.
Tras pesarla otra vez, la cosa no va tan bien: ahora pesa 25 Kg. ¡¡Tengo que sacar 2 Kg. más!! Repito la operación varias veces, hasta que al final el segurata del peso me odia, y yo llevo puesta toda la ropa del mundo, y llevo una bolsa (donde guardaba zapatos) llena de turrones y todos mis pantalones.
Cuando por fin me van a sacar el billete, el chico me pregunta por qué tengo otro billete de ida comprado para ir a Nueva York el 16 de diciembre. ¿¿¿COMO??? Oh, no, cuando pensaba que todo estaba solucionado, en Air France se habían equivocado y me habían puesto la vuelta al revés. Yupiiii. Después de explicárselo, el chico que me estaba atendiendo se tira 30 minutos de reloj hablando por teléfono y tocando cosas en su ordenador. Yo sudo como un pollo porque llevo dos jerseys puestos, una bolsa en mi espalda que pesa un quintal, y otra en mi mano que pesa otro quintal. Cuando por fin lo soluciona todo, cojo un trolley y me dirijo de nuevo al control policial. El tercero del día.
Y ahora, por fin, estoy a punto de embarcar para Nueva York. Son las 9 de la mañana y el avión embarca a las 9:15. Tengo hambre, tengo sueño y me duele todo, pero voy a montarme en el avión y con el primer zumo que me den me voy a tomar otro myolastan (que es la hora) y creo que la próxima vez que abra los ojos será para bajarme del avión (bueno, para comer haré pequeñas despertadas).
Esta ha sido mi historia. Sólo espero que esta vez al avión no le den la vuelta.