Pues sí, llevo unos días sin actualizar porque este tipo de cosas cuesta contarlas sin que salga nadie herido, y dado a que he aprendido que hay que ser políticamente correcto, voy a contar esto de una forma políticamente correcta:

En el trabajo últimamente no me sentía muy bien. Recientes cambios habían desmembrado por completo a un equipo de gente que se quería, y que en la mayoría de los casos se mantenía ahí porque se mantenían juntos. Sin embargo, a pesar de las adversidades, se hacía lo que se podía para poder tener un ambiente de trabajo agradable, aunque a veces lo dificultaban bastante.

Y la última dificultad la tuve cuando me negaron la oportunidad de matricularme de la carrera, tras habérsela facilitado a otros compañeros. Yo sólo pedí igualdad, y al no habérmela dado, me enfadé, e incluso monté una rabieta. Acabé hablando con todo el mundo, y al final incluso terminé razonando los motivos por los que me negaban tal derecho: al fin y al cabo, estábamos en una empresa, y cuando estás allí, tu trabajo es lo más importante.

Así que, fui a anular la matrícula de la universidad, y desde que lo hice, tenía una sensación horrible en el estómago, una rabia que no podía contener… y en el trabajo, una sensación vacía, mezcla entre pena e impotencia. Porque al fin y al cabo, llevaba bastante tiempo sintiéndome infravalorado, y el sueldo es una verdadera mierda para estar trabajando de lunes a sábado. Y por muy bonito que lo vendan, al estar en crisis y haber poco personal, la mayor parte del día no estás vendiendo, sino reponiendo mercancía. Y que conste en acta: hasta los reponedores de Mercadona cobran más.

No es de extrañar que menos de una semana después de aquello me encuentro en la calle, en el paro. Las buenas noticias son que mi salida ha sido negociada, y durante unos 6 meses cobraré la ayuda por desempleo. Las malas noticias son que me agobia que mañana sea lunes y no tener nada que hacer. Intentaré buscarme algún curso… y si no, por mi cuenta me actualizaré en cosas que tengo que saber de informática para trabajar.

Y no digo eso de “dejo allí a gente muy querida”, porque la gente que vale la pena me ha estado llamando estos días para ver cómo estaba, o ha venido a mi casa a verme. Y eso vale más que cualquier sueldo que puedan pagarte.