Ya sabéis que yo compagino cosas, muchas cosas. Normalmente compagino mi trabajo de 40 horas semanales con la carrera universitaria, con las oposiciones, con mi taller de videojuegos… y con mi vida doméstica y social (y ahora me ha salido un pseudotrabajo de redactor en una página de videojuegos, que también he aceptado, ya os contaré).
Este año, he estado estudiando un montón, en los ratos que me quedaban, para sacar las poquillas asignaturas que me quedaban. Con todo y con eso, me quedan aún 3 asignaturas de primer curso por sacar, y tenía pensado matricularme de algunas del segundo curso, hacer estas tres en diciembre, y el resto… cuando vaya pudiendo.
Hasta el momento, en el trabajo no había tenido problema de ningún tipo: siempre se han ido amoldando a mis horarios, y me han tratado muy bien. Pero claro, ahora las cosas han cambiado bastante, y parece que el compañerismo se ha ido al garete. Mis otros dos compañeros de sección (digamos que yo hago la mañana, y entre los dos se alternan para hacer la tarde) también estudian, y este año todos nuestros horarios han coincidido por la mañana. Yo pensaba que mis asignaturas iban a ser por la tarde, y que habría un horario de mañana y otro de tarde, como es normal, pero resulta que los muy subnormales de la Pablo de Olavide han creado el turno “mañana-tarde” con el que sólo pueden ir a clase los niños que vivan con sus padres. Es decir, que si te tienes que pagar la carrera tú, y tienes que trabajar, pues olvídate de ir a clase, y prepárate para sufrir al no tener un método de evaluación alternativo. El año pasado me ocurrió algo similar (aunque en menor grado, porque sí que tenía algunas asignaturas por la tarde a las que pude ir asistiendo), y hubo profesores que se portaron estupendamente y me dejaban mandarle todas las tareas por correo electrónico… pero también hubo algunos que no me lo pusieron tan fácil (oh, esos dos suspensos con un 4′9…).
El caso es que viendo que me era imposible ir a clase, y con la mala experiencia del año pasado, comenté en el trabajo a mis compañeros la posibilidad de que cambiaran ellos de turno. “Sí, ya veremos… sí, lo estudiaremos…” y al final se me cumplía el plazo de matrícula y aquí nadie había movido ficha. Lo comenté con mi responsable, que pasó 3 kilos… como si escuchara el viento soplar, vamos. Así que al final fui a Recursos Humanos y lo comenté todo, y allí sí que se portaron bien conmigo, y me dijeron que intentaríamos llegar a una solución entre todos (que casi seguro implicaría rotación de turno). Como sé que las clases de mis compañeros son obligatorias, y no quiero joderlos, volví a insistirles, y cuando de uno obtuve la respuesta “yo he conseguido el privilegio de poder ir a mis clases, y no voy a perder ese privilegio para que tú puedas ir a las tuyas” me desmoralicé del todo. Durante varios días lo daba todo por perdido. Paso de crear malestar, paso de joder a nadie, y paso, porque de tan poco compañerismo que hay, ni me apetece ya molestarme en seguir insistiendo.
Pero es que esta noche, estaba casi sin poder dormir, dándole vueltas a la cabeza, porque hoy cumple el plazo de matrícula ¿Y si me matriculo de algunas nada más? Psss… ahora llega diciembre, que es un mes muy malo para estudiar con las navidades en el trabajo… pero, ¿y si lo intento?
Y al final he acabado echando la matrícula, sólo de las asignaturas que me suspendieron el año pasado. Cuando he ido a confirmar, un fallo me decía que debo matricularme de 45 créditos como mínimo (serán ladrones!!), así que al final he acabado cogiendo las asignaturas que tenía pensado desde un principio.
¿Cómo lo voy a hacer? No tengo ni idea… A clase no puedo ir, así que lo único que me queda es escribirle a los profesores para que me ofrezcan una solución. Y me la van a ofrecer, porque si no pongo una denuncia si hace falta.
Y con respecto a mis compañeros… intentaré llegar a un acuerdo, aún quiero solucionarlo por la vía diplomática. Ahora, eso sí, si se ponen muy gilipollas, les van a dar por culo. O follamos todos, o la burra al río.